viernes, mayo 22, 2009

20 de Mayo






No es 21, no. No es la conmemoración de Arturito Prat, pero sí tiene que ver un poco con una estatua de él que hay en una plaza por ahí por Providencia. Una plaza con palmeras que hace un año miramos mientras caían gotitas de lluvia. Fue ahí, un poco después de haber pasado por esa catedral mágica, que empezamos a besarnos. De ese dulce beso surgieron otros, y ahora, dos días después de un segundo 20 de Mayo especial, estoy contigo. Contigo, contigo, contigo.
Un año puede significar muchas cosas, muchos cambios. Un año puede convertirse en una verdadera vida nueva. Un año contigo, ha cambiado algo más que las cosas y simplemente hay algo que no ha cambiado nada.
Te amo.

sábado, marzo 07, 2009

Viento nocturno


Esta noche,
el viento entre las hojas
se azota como queriendo
derribar las casas.

Pero no.
sólo roza con sus caricias
como mis dedos entre tu pelo.

Como queriendo huir
para colarse entre la ranura
que deja mi ventana
y respirar.

Como queriendo golpear
suavemente mi espalda
y susurrarme al oído
el sinfín de cosas que ha visto.

Como abriendo por fin mis ojos
y ser él, ser la brisa
que se escapa entre los suspiros
que atraviesan el espacio,

el universo infinito
en el que todos somos viento,
que todos movemos el polvo.

miércoles, febrero 25, 2009

Carolina

Sé que no es un nombre muy común para un gato, es más, nunca conocí a otra mascota que fuera llamada de ese modo. Sin embargo, tiene su explicación.

Cuando llegó a la casa yo tenía cinco años, época en la cual como la mayoría de las niñas, adoraba a las muñecas. Sin conocer el motivo, a todas las bautizaba de la misma manera. Al ingresar a mi hogar, mi mamá me preguntó cómo quería que la llamáramos y apelando a mi originalidad exclamé: “Carolina”.

Siendo aún una gatita, no tenía mucho pelo y la verdad es que estaba bastante delgada. Poco a poco se transformó en una hermosa gata gorda y bien peluda.

Las veces que intentaba describirla, siempre venía a mi cabeza la imagen de que tenía tonos verdes. Al crecer, descubrí que los gatos no podían ser de ese color y que la mezcla infinita de sus manchas la hacían parecer así.

Todas las noches dormía a los pies de la cama de mi mamá; ni más lejos, ni más cerca y su ronroneo por aquellas horas era más bien silencioso.

La pobre tuvo que soportar la llegada de varias mascotas, entre ellas dos cocker bastante histéricas y cuatro ejemplares de su especie. Entre rencores y reencuentros, para demostrar su primacía y vigor, trajo por lo menos cinco ratones, lo cual no era ninguna gracia, pero ello la reconfortaba y ponía orgullosa.

Además de tener un nombre peculiar, poseía gustos exóticos: adoraba los espárragos. Cada vez que sentía su aroma se posaba al lado de uno y con sus enormes ojos verdes miraba fijo al plato hasta conseguir su objetivo. Luego, con un maullido de niño y lamiéndose los bigotes, culminaba el ritual.

Todos los que la conocieron y compartían el amor por los felinos, la encontraban hermosa; y realmente lo era. Su nariz rosada estaba delicadamente delineada de negro, una de sus patas traseras se cubría de blanco y su movimiento de cola y andar, eran más bien sensuales.

Antes de mi viaje al norte la miré revolcándose en mi patio y dije: “Es como una gata malvada y coqueta”. Fue la última vez que la vi con vida.

Al regresar y no hallarla, pensé de inmediato en lo peor, lo cual no es común porque como cualquier gato solía pasear por las noches y ausentarse. Al día siguiente, sin encontrarme en mi casa, telefoneé varias veces preguntando por ella, aún no llegaba.

Hoy a las 21:57 horas, recibí un llamado que no alcancé a contestar. Marqué el número de mi casa y la voz llorosa de mi madre rompió el silencio: se murió la Carolita.

La posible causa: un golpe que terminó por reventarle el hígado.

Hace unas horas, la sostuve ya sin respiración entre mis brazos. Con sus quince años y todo, seguía siendo igual de hermosa. Mientras su cuerpo calentito iba poniéndose cada vez más duro, mi corazón se ablandaba. Mientras sus ojitos cerrados descansaban de la vida, los míos no dejaban de llorar y clamar por ella. Podría seguir contando miles de sus historias, como cuando yo era chica y la paseaba en mi coche de muñecas por mi casa, o por ejemplo que hace menos de un mes fue la primera vez que quiso dormir en mi cama, o que nunca nadie va a poder reemplazar el hecho de que haya sido mi primera mascota.

En estos momentos, en los cuales no creo en nada, sólo espero que ella, al igual que el resto de los animales, que no piden ni buscan la trascendencia como nosotros, sepan desde algún lugar del universo, que son capaces de generar un amor y una felicidad tan grande, que los hace ser simplemente infinitos.

jueves, diciembre 18, 2008

Días torpes




Qué torpeza entristecerse con la lluvia,
los días grises.
Qué torpeza alegrarnos bajo el sol.
Si se nos derriten las manos y el rostro
de cera.

Qué torpeza no acariciar al gato
que ronronea.
Y mirar las olas una y otra vez.

Cómo tomarse el agua turbia del río
por la casi-muerte por deshidratación,
prefieren la intoxicación.

En los desiertos el viento
deshace las huellas errantes.
Un perro lame las costras
del lugar.

Y todo me parece torpe
cuando pienso en nosotros.
Y cuando veo tus ojos
y pienso en tu voz.

Y es que no puedo
observarme en un espejo
que no refleje
nuestros besos.

Y es que no quiero mirar
hacia donde no estés,
excepto el pasado.

Qué torpeza la mía
de creerte tan mío y soñar
despierta con tu cuerpo
infinito.

Qué torpeza esta de
escribirte en papeles
que se queman y se rompen
con un chispazo o
con estas mismas manos.

Qué torpeza esta de hacer
y deshacer con las mismas
cosas.

Y besarte y no besarte.
Y besarte y a veces querer
tan solo mirarte.

Qué torpeza pensar
en lo torpe
y tropezar sin dolor
sólo por saberte cerca.

Y aunque los años torpes
continúen escribiendo
canciones románticas y
no me sirvan,
seguiré siendo torpe para
mirarte ciegamente y componer
pinturas y poemas
y sin melodías por las noches
como esta.

martes, noviembre 25, 2008

Moribunda


Si a resumidas cuentas esto es lo que se llama vida, quizás no debería fastidiarnos tanto la idea de la muerte.
Entre tantas quejas miserables, difícil comprender el miedo a dejar de respirar. Paradoja entre muchas. Como el inexplicable deseo de mover el cuerpo enredados en música; bailar. Como la extraña fijación en las piernas, los senos, el abdomen y otras cosas. Pero qué decir. Soy una dentro de esos no sé qué. En esos cómo y porqué. Dudo que deba seguir cavilando cuando hay tantas cosas que importan más. ¿O es que todo se reduce a esto (vida-muerte) y mi cuestionamiento puede ser la clave de la comprensión del universo? Já.
Hoy al manejar por la autopista vi dos perros y un gato muertos. Luego, en la orilla izquierda, otro perro jadeaba por el calor. Pensé “no te muevas de ahí en mucho rato, por favor” luego me di cuenta de que era inútil. Se dibujaba su condena y habría otro asesinato “accidental”. Mal que mal todo podría reducirse a eso; pequeños accidentes que modelan el mundo poniendo y quitando fichas. Y eso, el olvido. Eso, el temor a la muerte definitiva, al no recuerdo, a la sin memoria. ¿Cuánto duramos en los demás al fenecer? ¿Es acaso que desaparecemos con la muerte de los que nos conocieron? O tal vez no, tal vez una piedra, una casa nos recuerden aun sin vida, y ellas no perecen, gozan la eternidad.
Pero yo no quiero la inmortalidad, esa se la dejo a los que no ven, a los que viven, a los que algún día van a morir sin haber armado el puzzle, porque el puzzle no existe, soy yo diseminada por la respiración constante, por el fracaso de mis pasos, por la destrucción masiva y la incapacidad de morir por ello.

domingo, octubre 12, 2008

Desafinaciones en primavera


Tan solo fue
una desafinación en la melodía.

Una mala calibración
de aquel saxofón en esa noche
en la que nos juntamos a oír eso

y miramos más allá
de los rostros cuasi-enamorados
porque no podíamos serlo

era la primera vez.

Pero quizás sí podíamos
jugar a que lo éramos
y transformar el ludo
en universo.

Galaxia de sinrazones suficientes
para estar de pie frente a los tuyos.

Sobremanera de contagiarnos
de blancura y eso que se le atribuye
a los payasos.

Desafinaciones que
abren puertas secretas
en aquellos rincones negros
y despiertan las pesadillas
que son hechas de humo blanco y amarillo.

Al igual que en mi lugar de nubes,
puedo despertar
y verte a mi lado
y repetir
fue sólo
una pequeña desafinación.

martes, agosto 05, 2008

Puentes


Entre tus ojos y
mis pupilas;
entre tus dedos
y mis manos.

Boca frente a boca,
nariz contra nariz;
entre tus palabras
y las mías.

Puentes, caen
infinitos; puentes,
penden desde el
abismo.

Y los caminamos,
recorremos, corremos
y miramos, con la
certeza ciega de lo absoluto.

Y la nada podrá
asomar su cabeza
imperiosa, mas,
sostenidos, colgantes,
los puentes seguirán.

Y como trenes
sin rumbo ni regreso,
avanzamos por ellos
guiados por los párpados.

Ciegos, caminamos
olfateando nuestras
suertes, nuestros
azares cruzados.

Y yo sólo pido
eso, que todo
desaparezca, pero eso,
la eternidad de los puentes.